Centro del Conocimiento, Biblioteca Pública de las Misiones
Si existen lugares donde una se puede recuperar después de tantas idas y vueltas en esta vida es en una biblioteca.
En ella descubrí lo que es sentir paz. Y me preguntarán cómo ocurrió que deje de tener paz, bueno, es una historia larga.
Soy una persona muy trabajadora, muy responsable. Siempre creí en las oportunidades y/o busqué oportunidades.
Hay veces que me pregunto cómo lograr saber que la decisión que uno toma es correcta, cómo saber que todo va a salir bien o al menos tener en nuestro camino una especie de señalización para saber que vas por el buen sendero. Sin duda, es imposible, sólo trazando cada caminar con nuestros pies y pisando firme llegas a comprender... algo.
Cuando descubrí este hermoso mundo, interiormente estaba desbasta... muy desbasta. Cansada de los malos tratos, cansada del trabajo esclavizador y, por más que lo intentaba minuto a minuto, hora por hora, día tras día nada... absolutamente nada, salía bien.
Y, así, me invitaron a ir a conocer una biblioteca. Al verla por primera vez creí que sería un lugar interesante, como todo lugar... Ya sabes, que te encontras con libros, cultura y todo eso, pero en ella encontré más que eso, encontré contención.
Sí, es la que ven en la foto. Ella, es mi lugar en el mundo. Es mí compañera, es la bocanada de aire que necesito para poder continuar.
Sí, es la que ven en la foto. Ella, es mi lugar en el mundo. Es mí compañera, es la bocanada de aire que necesito para poder continuar.
En realidad, no sé que tendrá el lugar y no me refiero al edilicio, o a la gente que trabaja en el lugar, no. Sólo sé que la necesito y con eso me basta.
Cuanto estoy en ella mi mundo cambia, me hace sentir digna, digna de esos libros, digna de ese espacio, digna del paisaje que a través de sus grandes ventanales observo- en el descanso de la lectura-, digna de cada material, digna de esa paz.
Cuanto estoy en ella mi mundo cambia, me hace sentir digna, digna de esos libros, digna de ese espacio, digna del paisaje que a través de sus grandes ventanales observo- en el descanso de la lectura-, digna de cada material, digna de esa paz.
Aquellos libros fueron mis amigos, silencios, tranquilos. No me reprochaban nada, al contrario me hacían sentir normal, y me dicen- entre sus líneas- que nada de lo que me pasó debía detenerme, que nada de lo que me dijeron -algunas personas- eran verdades. Al contrario, esos libros alimentaban mi locura. Locura que se amolda cada vez mejor en mí y nada tenía que ver con lo que me decían aquellas personas, malvadas, que poco saben realmente de locuras.
Tal es así, que recomiendo a todos y a todas ¡Vayan a la biblioteca! donde sea, pero vayan. Búsquenla, y ella les tomará de la mano y se encargará de alimentar su vida.
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